Perplexity lanza Computer, su plataforma para coordinar 19 modelos de IA en la nube
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En las profundidades del océano, donde la presión es intensa y la luz no alcanza, podría estar gestándose una revolución energética. A simple vista parecería una locura: sumergir esferas de cemento de 400 toneladas a cientos de metros bajo el mar. Sin embargo, esta no es una maniobra de eliminación de residuos industriales, sino el núcleo de un ambicioso proyecto llamado StEnSea, que busca transformar los océanos en enormes sistemas de almacenamiento energético limpio y duradero.
La idea fue desarrollada por el Fraunhofer Institute for Energy Economics and Energy Systems Technology (Fraunhofer IEE) de Alemania y ya ha comenzado a despertar interés en lugares como California, donde podrían realizarse las primeras implementaciones reales. El sistema se basa en aprovechar la presión natural del agua marina para crear un mecanismo físico de almacenamiento energético, sin necesidad de baterías químicas ni combustibles fósiles.
Cada esfera, de aproximadamente 9 metros de diámetro, se instalará entre 500 y 600 metros bajo el nivel del mar. En su interior, un sistema de bombas y válvulas permitirá expulsar agua durante los periodos de excedente energético —como en los picos de generación eólica o solar—, y dejar que esta vuelva a entrar con fuerza cuando se necesite energía. Esta entrada de agua accionará turbinas conectadas a generadores, produciendo electricidad en el momento justo.
El principio es similar al de una planta hidroeléctrica reversible, pero sin necesidad de presas ni embalses terrestres. La clave está en la profundidad: cuanto mayor la presión del agua, mayor la capacidad de generación. Un solo módulo puede almacenar hasta 0,4 MWh, pero el proyecto prevé conectar decenas o cientos de esferas en red para formar instalaciones modulares con gran capacidad.
Además de su eficacia, el sistema StEnSea promete sostenibilidad a largo plazo. El hormigón es un material ampliamente disponible, no tóxico y reciclable. A diferencia de las baterías de litio, que requieren minería intensiva y presentan riesgos de contaminación, las esferas sumergidas no liberan compuestos nocivos ni dependen de materiales escasos. Su vida útil podría superar los 50 años, y los componentes mecánicos, como turbinas y generadores, se pueden reemplazar cada dos décadas.
El potencial global es colosal: según los cálculos del Fraunhofer IEE, el sistema podría alcanzar una capacidad de almacenamiento estimada en 820.000 gigavatios-hora si se desplegara a escala planetaria. Solo las primeras diez ubicaciones submarinas identificadas en Europa podrían cubrir el 20 % de esa capacidad. Esto equivale a alimentar más de 200.000 hogares durante un año completo con una sola carga.
El sistema también podría actuar como una pieza clave para estabilizar las redes eléctricas frente a la intermitencia de las renovables. A medida que el mundo avanza hacia un modelo basado en energía solar y eólica, la necesidad de almacenamiento confiable y no contaminante se vuelve crítica. En ese contexto, StEnSea no solo propone una solución tecnológica, sino una infraestructura oceánica para un futuro energético post-fósil.
El horizonte para ver estos sistemas en funcionamiento no es lejano: se espera que los primeros prototipos en condiciones reales se implementen entre 2026 y 2027. Si los resultados son positivos, podríamos estar ante el nacimiento de una nueva categoría de almacenamiento energético, silenciosa, limpia, sumergida... y sorprendentemente eficaz.
Es una iniciativa que usa esferas de cemento bajo el océano para almacenar energía mediante presión hidráulica.
Se expulsa agua para cargar energía y luego se deja entrar para mover turbinas y generar electricidad.
No usa materiales raros, es más duradero, no contamina y es reciclable y fácil de mantener.
Las primeras instalaciones reales podrían estar operativas entre 2026 y 2027 si se cumplen los plazos.
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