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El sector eólico marino británico crece 23 veces gracias a la inversión en ciencia ambiental

La inversión pública en ciencia ambiental ha multiplicado por 23 el valor económico del sector eólico marino en Reino Unido, impulsando empleo y protegiendo la biodiversidad marina

Autor - Aldo Venuta Rodríguez

3 min lectura

Parque eólico marino
Imagen ilustrativa. Créditos: Iceebook

El crecimiento del sector eólico marino británico es hoy un ejemplo global de cómo la investigación científica y la inversión pública pueden transformar industrias enteras y proteger al mismo tiempo los ecosistemas. Un nuevo estudio revela que, desde el año 2000, la financiación del Consejo de Investigación del Medio Ambiente Natural (NERC) ha generado un retorno económico de 3.300 millones de libras, gracias al desarrollo de datos, modelos y conocimiento clave utilizados por todos los actores principales del sector.

Este impulso se refleja también en el empleo: a finales de 2024, el Reino Unido contaba con 45 parques eólicos marinos operativos, que aportan el 17 % de la electricidad nacional y generan 32.000 puestos de trabajo. Las previsiones apuntan a que para 2030 esta cifra podría triplicarse, alcanzando los 100.000 empleos directos e indirectos, consolidando al país como líder europeo en energía limpia y tecnología marítima.

El estudio estima que, a largo plazo, la inversión científica podría sumar otros 3.600 millones de libras al desarrollo futuro del sector, al acompañar la expansión prevista de la capacidad eólica marina durante los próximos 25 años. Esto representa un valor potencial total cercano a los 7.000 millones de libras, evidenciando la enorme rentabilidad de apoyar la ciencia aplicada a la sostenibilidad.

Más allá del beneficio económico, la colaboración entre la investigación y la industria eólica ha permitido proteger el capital natural marino británico, estimado en 211.000 millones de libras. Programas científicos han facilitado el diseño y operación de parques eólicos que minimizan los impactos sobre aves, mamíferos marinos y hábitats sensibles, integrando la protección ambiental con el desarrollo industrial.

Entre los principales beneficiarios de este avance se encuentran los departamentos gubernamentales —que disponen de mejores bases de evidencia para regular y asignar áreas de arrendamiento—, los desarrolladores e inversores que ven reducidos los riesgos y costes, y las comunidades locales que acceden a nuevos empleos e infraestructuras. Además, la población británica se beneficia de mayor seguridad energética y reducción de emisiones de carbono.

Cinco centros de investigación han resultado clave en este proceso: el Servicio Geológico Británico, el Centro Nacional de Oceanografía, el Laboratorio Marino de Plymouth, la Unidad de Investigación de Mamíferos Marinos y el Centro de Ecología e Hidrología del Reino Unido. Su trabajo abarca desde el mapeo del fondo marino y el modelado de mareas, hasta el seguimiento a largo plazo de focas y aves marinas.

La apuesta por la expansión sostenible continúa. NERC y sus socios han puesto en marcha programas como ECOWind y ECOFLOW, orientados a estudiar los efectos ecológicos de la energía eólica marina convencional y flotante, y garantizar que el crecimiento del sector siga alineado con los objetivos nacionales de biodiversidad y seguridad energética.

La estrategia británica demuestra que la inversión sostenida en ciencia ambiental no solo permite impulsar sectores emergentes y posicionar al país a la vanguardia tecnológica, sino que también protege los recursos naturales y fortalece el tejido socioeconómico de las regiones costeras.

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