China ha iniciado la construcción del Canal de Pinglu, una colosal obra de ingeniería de más de 130 kilómetros que busca transformar los ríos del país en verdaderas autopistas para barcos de gran calado. Esta vía fluvial, la primera de su tipo desde la Revolución Comunista de 1949, unirá la ciudad de Nanning con el puerto de Qinzhou, abriendo una nueva ruta estratégica para el comercio desde el suroeste del país hasta el mar de la China Meridional.
El proyecto, considerado uno de los mayores del mundo en infraestructura hidráulica, habilitará el tránsito de buques de hasta 5.000 toneladas y reducirá en 560 kilómetros la distancia que recorren las mercancías chinas desde el interior hacia la costa. La mayor parte del canal aprovecha cursos de agua existentes, con solo 6,5 km de tramos completamente nuevos y tres esclusas monumentales —una de ellas, la más grande jamás construida— para salvar desniveles de hasta 65 metros.
Con una inversión superior a los 9.300 millones de euros y millones de metros cúbicos de tierra ya removidos, el Canal de Pinglu estará operativo en 2026. Las esclusas han sido diseñadas para minimizar el consumo de agua, y la magnitud de la obra ha requerido la movilización de equipos de construcción y tecnología puntera a lo largo de toda la ruta fluvial.
La apuesta de Pekín por las vías navegables responde a la necesidad de descongestionar el tráfico terrestre, reducir la huella de carbono del transporte de mercancías y acelerar la salida al mar de productos industriales y agrícolas. Además, el canal reforzará la interconexión logística con la ASEAN, la mayor unión económica del Sudeste Asiático, impulsando el comercio con países como Vietnam, Tailandia, Malasia e Indonesia.
Mientras en Europa las antiguas redes fluviales han perdido protagonismo, China lidera una nueva era de infraestructuras hídricas. El Canal de Pinglu es solo el primer paso de un ambicioso plan para modernizar sus ríos y replicar, en escala continental, el modelo de los grandes canales interoceánicos. Se espera que esta transformación multiplique la competitividad del hinterland chino y establezca un puente comercial sin precedentes entre Asia y el resto del mundo.
Expertos destacan que, aunque los buques que podrán cruzar el Pinglu no igualan la capacidad de los gigantes Panamax, su función será clave para el transbordo regional y la integración de mercados interiores. En paralelo, la obra es un símbolo de la diplomacia de infraestructuras con la que China busca consolidar su liderazgo en la economía global del siglo XXI.