La selva amazónica, considerada el pulmón verde del planeta, enfrenta uno de los escenarios más alarmantes de su historia. Un estudio reciente basado en modelos climáticos de última generación sugiere que la región podría iniciar su colapso ecológico en el transcurso de este siglo.
La Amazonía alberga una de las mayores reservas de carbono y biodiversidad del mundo. Su degradación masiva no solo transformaría los ecosistemas locales, sino que también alteraría de manera drástica el sistema climático global.
El estudio, publicado en la revista Communications Earth & Environment, utilizó Modelos del Sistema Terrestre (CMIP5 y CMIP6) para proyectar el futuro del bioma amazónico. Estas herramientas simulan las interacciones entre atmósfera, océanos, tierra y biosfera.
Los investigadores analizaron escenarios de altas emisiones de gases de efecto invernadero y cambios de uso del suelo. En ellos, la Amazonía mostró una fuerte vulnerabilidad frente al aumento de temperaturas y la reducción de lluvias en la región.
Uno de los conceptos clave es la llamada “muerte regresiva”, entendida como la pérdida drástica de actividad fotosintética en bosques previamente productivos. De cumplirse, significaría que grandes extensiones amazónicas dejarían de funcionar como selva tropical.
Los resultados sugieren que esta muerte regresiva podría comenzar tan pronto como el siglo XXI. Los puntos críticos aparecen cuando la temperatura media supera los 1,5 °C respecto a la era preindustrial, combinada con sequías intensas y deforestación acelerada.
La deforestación y el cambio de uso de la tierra agravan el problema. Sustituir bosques por tierras agrícolas interrumpe el ciclo natural de reciclaje de agua y debilita aún más la capacidad de la Amazonía de autorregularse.
Otro de los mecanismos identificados es el debilitamiento de la Circulación Meridional del Atlántico, un sistema de corrientes oceánicas que influye en la distribución de lluvias. Su alteración genera condiciones más cálidas y secas en el norte amazónico.
A esto se suma la reducción de la evapotranspiración, el proceso mediante el cual los árboles liberan humedad al aire. Con más CO₂ en la atmósfera y menos cobertura vegetal, el ciclo de agua se rompe, intensificando la sequía.
El fenómeno de El Niño también aparece como factor de riesgo. Su recurrencia podría incrementar el calor y las sequías extremas en la cuenca, debilitando todavía más a los ecosistemas tropicales.
Las consecuencias de este proceso serían devastadoras. La pérdida de biodiversidad sería masiva, con miles de especies vegetales y animales en peligro. Al mismo tiempo, la capacidad de la selva para capturar carbono disminuiría drásticamente.
La alteración de la Amazonía tendría repercusiones globales. Desde cambios en los patrones de lluvia en otras regiones hasta un aumento acelerado del cambio climático por la liberación de carbono acumulado en la vegetación.
La autora principal del estudio advierte que muchos modelos actuales podrían estar subestimando los riesgos, ya que no integran por completo factores como incendios forestales y mortalidad de árboles por sequías prolongadas.
Ante este panorama, los científicos insisten en la necesidad urgente de limitar las emisiones, proteger los bosques restantes y promover políticas de conservación. El destino de la Amazonía marcará en gran medida el futuro climático del planeta.
Fuente: Nature