El debate sobre la historia climática del océano Ártico ha sido uno de los más complejos en la paleoclimatología. Ahora, un equipo internacional de científicos aporta pruebas convincentes: durante los últimos 750.000 años, el hielo marino estacional predominó en la llamada puerta de entrada glacial entre el Ártico y el Atlántico, descartando la existencia de una plataforma de hielo continua y permanente en esta vasta región.
La investigación, publicada en la revista Science Advances, combina análisis geoquímicos, datos de biomarcadores marinos y simulaciones climáticas avanzadas para reconstruir los estados del hielo ártico desde el Pleistoceno medio hasta la actualidad. Los resultados muestran que, incluso en los periodos más fríos de las glaciaciones, el Ártico experimentó extensos ciclos de formación y derretimiento de hielo marino a lo largo de las estaciones.
Esta conclusión desafía la hipótesis tradicional que sugería la presencia de una plataforma de hielo de más de un kilómetro de espesor sobre el océano Ártico y los mares Nórdicos durante las edades de hielo más extremas. Según el equipo liderado por Jochen Knies, el hallazgo se apoya en el análisis de sedimentos marinos y biomarcadores de diatomeas específicas, así como en la comparación con modelos climáticos de alta resolución.
Los núcleos de sedimentos extraídos de la meseta de Yermak y los mares Nórdicos muestran una señal constante de biomarcadores que sólo se generan durante la presencia de hielo marino estacional. Esto indica que, lejos de estar cubierto por una masa de hielo inmóvil, el Ártico mantuvo zonas de aguas abiertas y productivas incluso en los periodos glaciales más severos.
Las simulaciones numéricas realizadas con el modelo AWI-ESM2 del Instituto Alfred Wegener revelan que el hielo marino estacional permitía floraciones de fitoplancton cada primavera y verano, lo que habría tenido un impacto crucial en la productividad biológica y en los ecosistemas marinos de la región durante cientos de milenios.
"Nuestros datos demuestran que la dinámica del hielo marino fue mucho más variable de lo que se pensaba", explica Knies. "Incluso durante los eventos glaciales más intensos, se alternaron fases de hielo persistente con periodos de aguas abiertas, favoreciendo la vida marina y la transferencia de carbono".
El estudio tiene implicaciones directas para comprender cómo responde el Ártico al calentamiento global actual. El hecho de que el hielo marino estacional haya sido la norma durante cientos de miles de años sugiere que este sistema es sensible a los cambios en la temperatura y en la circulación oceánica, como los observados en las últimas décadas.
Además, el trabajo pone en duda las reconstrucciones que consideraban una plataforma de hielo panártica ininterrumpida como motor principal de los cambios climáticos globales. La evidencia indica que los corredores de aguas abiertas en los mares nórdicos y la puerta Ártico-Atlántico habrían desempeñado un papel clave en la ventilación oceánica y el intercambio de calor con otras regiones del planeta.
Los investigadores también destacan la necesidad de distinguir entre plataformas de hielo terrestre y el hielo marino estacional, ya que ambos cumplen funciones muy distintas en el balance energético y en la dinámica del clima global. El estudio propone intensificar los análisis de alta resolución y los modelos acoplados para profundizar en la variabilidad del hielo ártico a lo largo de los ciclos climáticos pasados.
A medida que el Ártico pierde hielo a un ritmo acelerado en la actualidad, comprender su comportamiento durante los grandes cambios climáticos del pasado es esencial para prever su futuro y el impacto global del deshielo. Los autores subrayan que, si bien las condiciones del pasado no son idénticas a las de hoy, el sistema ártico muestra una capacidad de adaptación y cambio mucho mayor de lo que se suponía hasta ahora.
Fuente: Science Advances