La oveja que reveló un linaje perdido de peste
El análisis genético de los restos ovinos mostró que la bacteria Yersinia pestis presente en la muestra era casi idéntica a la que infectó a humanos en la misma región y época. Esta coincidencia sugiere que la enfermedad podía transmitirse tanto entre personas como entre animales domésticos, probablemente por contacto directo con un reservorio silvestre aún no identificado, lo que habría facilitado su propagación en comunidades pastoriles.
El yacimiento de Arkaim, en Rusia, ofreció un contexto idóneo para este hallazgo. Se trataba de una sociedad dedicada al pastoreo que no almacenaba grano, lo que minimizaba el papel de las ratas y sus pulgas como vectores. Este escenario refuerza la hipótesis de que el ganado, en especial las ovejas, pudo desempeñar un papel clave como intermediario en la transmisión de la peste.
Los restos procedían de un entorno vinculado a la cultura Sintashta-Petrovka, conocida por su pastoreo extensivo y por el uso temprano de caballos en actividades agrícolas y militares. Estas prácticas ampliaban el radio de movimiento de las comunidades y, con ello, las posibilidades de que su ganado entrara en contacto con fauna silvestre portadora de la bacteria.
Una peste sin pulgas
El linaje identificado carecía de los genes necesarios para la transmisión a través de pulgas, un rasgo característico de las pestes medievales como la del siglo XIV. Esto implica que su propagación debía depender de otras vías, posiblemente a través de contacto con animales infectados o sus restos, lo que apunta a una dinámica de transmisión muy distinta a la de las pandemias históricas.
A pesar de su amplia distribución geográfica por Eurasia durante aproximadamente 2.000 años, los análisis indican que la bacteria experimentó fuertes limitaciones evolutivas. Se detectaron mutaciones repetidas en genes específicos, un patrón que sugiere presiones selectivas constantes y una estabilidad genética poco habitual para un patógeno de este alcance.
El papel de la ganadería en las enfermedades zoonóticas
La domesticación y cría intensiva de animales, como ovejas y caballos, acercó de forma significativa a las poblaciones humanas a patógenos que antes circulaban solo en fauna silvestre. Este cambio en la interacción entre especies fue determinante para la aparición y expansión de nuevas enfermedades zoonóticas en la historia.
En regiones donde la peste sigue siendo endémica, se sabe que las ovejas pueden contagiarse al entrar en contacto con cadáveres de animales infectados, como roedores. Este mismo mecanismo podría haber estado presente en la Edad de Bronce, facilitando brotes tanto en humanos como en rebaños.
El estudio respalda la idea de que la ganadería no solo transformó la economía y el paisaje, sino que también alteró de forma profunda la salud humana, al multiplicar las oportunidades de transmisión de enfermedades entre animales y personas.
A pesar de los avances, los investigadores subrayan que todavía no se ha identificado el reservorio original de este linaje antiguo, y que hallarlo sería clave para comprender su evolución y eventual desaparición.
Una investigación que apenas comienza
El descubrimiento abre nuevas posibilidades para analizar restos de animales antiguos conservados en colecciones arqueológicas. Estos materiales pueden aportar información única sobre patógenos que no ha sido posible obtener a partir de restos humanos.
Según los autores, las ovejas de Arkaim podrían representar la primera evidencia directa de un papel activo del ganado en la propagación de la peste prehistórica, lo que sugiere que la red de transmisión era más amplia y compleja de lo que se pensaba hasta ahora.