Donald Trump y Vladimir Putin se reunieron en Alaska en un encuentro esperado como posible punto de inflexión en la guerra de Ucrania, pero la cita no produjo un acuerdo de alto el fuego. Ambos presidentes aseguraron haber tenido conversaciones productivas, aunque no ofrecieron compromisos concretos ni respondieron a las preguntas de la prensa.
Trump destacó que hubo “avances” en la mesa, pero repitió la frase “no hay acuerdo hasta que haya acuerdo” para frenar expectativas. Putin, por su parte, señaló que esperaba que Ucrania y Europa aceptaran de forma constructiva lo discutido con Estados Unidos, sin detallar ningún paso hacia el fin de la guerra.
La guerra en Ucrania, que ya supera los tres años desde la invasión rusa de 2022, sigue siendo el conflicto más mortífero en Europa en ocho décadas. Mientras los líderes conversaban en Alaska, los drones y ataques aéreos continuaban en varias regiones del este ucraniano y en territorio ruso fronterizo.
Para Putin, el simple hecho de volver a la mesa con Washington significó un logro simbólico. Tras años de aislamiento en Occidente, la fotografía con Trump y la alfombra roja en una base aérea estadounidense reforzaron su imagen de interlocutor indispensable, pese a la orden de arresto internacional que pesa en su contra.
Trump, tras la reunión, declaró a Fox News que retrasaría la imposición de aranceles a China por la compra de petróleo ruso, una señal de que la conversación con Putin influyó en su agenda económica. También sugirió que podría organizar un encuentro futuro entre Putin y Volodimir Zelenski, aunque sin fechas ni confirmaciones.
La ausencia de Zelenski en la cumbre generó inquietud en Kiev y entre aliados europeos, temerosos de que Washington negocie sin tener plenamente en cuenta los intereses ucranianos. El presidente ucraniano advirtió que cualquier solución debe incluir una “paz justa” y reiteró que Ucrania cuenta con Estados Unidos.
Putin volvió a insistir en que las “causas fundamentales” del conflicto deben eliminarse antes de hablar de paz duradera, un mensaje que confirma su resistencia a un alto el fuego inmediato. Para Rusia, esas causas incluyen la ampliación de la OTAN y la reclamación sobre territorios ucranianos ocupados.
La cumbre fue un contraste entre forma y fondo. La ceremonia de bienvenida incluyó honores militares y banderas, pero al cierre no hubo acuerdos sustanciales. La prensa internacional subrayó la diferencia entre la pompa del recibimiento y el vacío de resultados concretos tras tres horas de conversación.
Trump cerró el encuentro insinuando que podría haber una próxima cita “en Moscú”, comentario que Putin celebró con una sonrisa. Aunque ambos hablaron de estar “cerca de un acuerdo”, la realidad es que la guerra sigue, sin señales de alto el fuego y con dudas sobre el rumbo de la diplomacia.