La expansión de herramientas como ChatGPT, Gemini, Copilot o Claude ha transformado la forma en que se redactan y editan mensajes en el entorno laboral. Más del 75 % de los profesionales reconocen utilizarlas en su trabajo diario, según datos de la Universidad de Florida.
La investigación, publicada en la Revista Internacional de Comunicación Empresarial, encuestó a 1.100 profesionales para evaluar cómo perciben los mensajes redactados con distintos niveles de asistencia de IA. El análisis reveló una paradoja: los textos pueden parecer más profesionales, pero su autor puede perder credibilidad si la ayuda tecnológica es elevada.
El estudio midió tres niveles de uso: bajo, medio y alto. Mientras que un apoyo mínimo —centrado en gramática o edición ligera— era bien recibido, la asistencia media y alta provocaba una caída significativa en la percepción de autenticidad y atención al detalle.
Los datos muestran que un 95 % de los participantes calificó como profesionales los mensajes con baja asistencia de IA, pero esta valoración descendió al 69-73 % con niveles altos. En cuanto a la sinceridad percibida, la diferencia fue aún mayor: del 83 % con baja asistencia al 40-52 % con alta.
Los investigadores destacan que, aunque la tecnología agiliza y perfecciona la redacción, también puede transmitir señales de falta de interés o esfuerzo personal. Esto ocurre especialmente en mensajes con un componente relacional, como felicitaciones, agradecimientos o reconocimientos.
La “brecha de percepción” identificada indica que las personas tienden a ver su propio uso de la IA con indulgencia, pero son más críticas con el uso que hacen otros, sobre todo en contextos que requieren empatía o cercanía.
Los autores recomiendan reservar la alta asistencia de IA para mensajes informativos o rutinarios —como recordatorios, anuncios de eventos o comunicaciones técnicas— y mantener un estilo más personal en textos destinados a fortalecer relaciones o motivar al equipo.
Este hallazgo plantea la necesidad de un uso consciente de la inteligencia artificial en la comunicación profesional. La clave estaría en combinar la eficiencia tecnológica con la autenticidad que las relaciones laborales requieren.
Para los investigadores, el reto no es rechazar la IA, sino aprender a integrarla de forma estratégica, evitando que su uso excesivo diluya la credibilidad que se construye con el tiempo a través de interacciones genuinas.