En Silicon Valley ya no se mide el éxito solo por la innovación tecnológica, sino por la magnitud de las fortunas que genera. La inteligencia artificial, convertida en motor económico global, ha creado una nueva élite de multimillonarios a un ritmo sin precedentes.
San Francisco, corazón histórico de la tecnología, ha recuperado un liderazgo que parecía haber cedido. Con 82 multimillonarios, supera a los 66 de Nueva York y marca un cambio de era en el mapa financiero estadounidense.
El impulso proviene de startups que han alcanzado valoraciones récord en tiempo récord. Según CB Insights, existen 498 unicornios de IA, y al menos 100 surgieron desde 2023, sumando un valor conjunto que supera los 2,7 billones de dólares.
Este auge no solo está alimentado por rondas de inversión gigantescas, sino también por el alza sostenida de las acciones de gigantes como Nvidia, Microsoft y Meta, que han multiplicado el patrimonio de sus accionistas y fundadores.
Casos como el de Mira Murati, exdirectora de OpenAI y fundadora de Thinking Machines Lab, ejemplifican la velocidad con la que se forman estas fortunas. Su empresa alcanzó una valoración de 12.000 millones en apenas cinco meses.
En paralelo, Anthropic AI negocia captar 5.000 millones de dólares, lo que elevaría su valor a 170.000 millones y situaría a sus fundadores en la lista de los multimillonarios más influyentes del sector.
El fenómeno no es exclusivo de unas pocas firmas. Anysphere, dedicada a herramientas para programadores, pasó de 9.900 a casi 20.000 millones de dólares de valoración en semanas, sumando a su CEO de 25 años al club de los millonarios más jóvenes.
A diferencia del boom de internet de los noventa, estas compañías no corren a salir a bolsa. Prefieren permanecer privadas, respaldadas por fondos de capital riesgo, family offices y fondos soberanos, lo que les da margen para crecer sin presión bursátil.
Este modelo mantiene gran parte de las fortunas “en papel”. Aunque existen mercados secundarios para vender acciones antes de una IPO, la mayor parte de la riqueza sigue bloqueada en capital privado.
OpenAI, por ejemplo, negocia ventas de acciones secundarias que podrían llevar su valoración a 500.000 millones, después de haber alcanzado los 300.000 millones en marzo.
El área de la Bahía de San Francisco ha recaudado más de 35.000 millones de dólares en capital riesgo el último año, consolidando su estatus como epicentro de la IA. El mercado inmobiliario refleja este boom con ventas de viviendas que superan los 20 millones.
La concentración geográfica del talento y el capital es abrumadora. Quienes poseen las habilidades y contactos para fundar, financiar y escalar empresas tecnológicas están, en su mayoría, en este radio de acción.
Los asesores financieros ya anticipan una oleada de liquidez en los próximos años. Al igual que ocurrió con los pioneros de la economía digital, se espera que los nuevos ricos de la IA diversifiquen y profesionalicen la gestión de su patrimonio.
Expertos como Simon Krinsky advierten que la riqueza ilíquida conlleva riesgos, pero también oportunidades históricas para firmas de gestión patrimonial que sepan capitalizar el momento.
Si algo demuestra este fenómeno es que la IA no solo está transformando industrias, sino también redefiniendo dónde y cómo se concentra la riqueza en el siglo XXI.