Investigadores en China han demostrado que la fermentación anaeróbica de alfalfa combinada con residuos de fruta y bacterias probióticas puede aumentar significativamente la producción de biogás, especialmente metano. El estudio, publicado esta semana en la revista mSphere de la Sociedad Americana de Microbiología, propone una solución práctica y sostenible para producir energía limpia y gestionar residuos agrícolas.
La alfalfa, conocida por su alto valor proteico como forraje, fue sometida a un tratamiento experimental que incluía orujo de escaramujo (Rosa roxburghi) —residuo de la industria de jugos en Guizhou— y la bacteria Lactobacillus acidophilus, un microbio anaeróbico común en probióticos. Esta combinación desencadenó un proceso de co-fermentación que aumentó la eficiencia en la generación de gas metano.
“El proceso ofrece una oportunidad atractiva para aumentar la producción de metano a partir de desechos de fruta
”, explicó el microbiólogo Qiming Cheng, de la Universidad de Guizhou. A su vez, el tratamiento local de residuos agrícolas reduce los costes logísticos y fomenta proyectos rurales de biogás, clave en comunidades agrícolas.
Los resultados mostraron que, tras solo tres días de fermentación, las muestras tratadas con escaramujo y L. acidophilus produjeron un 33 % más de metano que las muestras sin tratar. Esta mejora fue atribuida a la acción sinérgica entre el residuo de fruta y el probiótico, que aceleró el descenso del pH y promovió el desarrollo de bacterias lácticas beneficiosas para el proceso de digestión anaeróbica.
El análisis de la composición bacteriana reveló un incremento en la presencia de Lactiplantibacillus plantarum y una disminución en especies como Lactococcus lactis, Kosakonia cowanii y Enterococcus mundtii. Estos cambios facilitaron un entorno más propicio para la generación de metano y mejoraron la calidad nutricional de la biomasa resultante, que puede ser reutilizada como alimento para el ganado.
Además del beneficio energético, el estudio sugiere que este método puede ser una forma eficiente de gestionar residuos orgánicos, ya que transforma desperdicios agrícolas en recursos útiles, cerrando el ciclo productivo en explotaciones rurales.
La Sociedad Americana de Microbiología (ASM), que publica la revista mSphere, destaca este trabajo como ejemplo de cómo las ciencias microbianas pueden contribuir a la transición energética y a la sostenibilidad del sector agropecuario.
Referencias: Sociedad Americana de Microbiología – asm.org