Hasta 250.000 muertes anuales podrían evitarse en Europa occidental y central de aquí a 2050 si se aplican políticas drásticas de reducción de gases de efecto invernadero, según un nuevo estudio liderado por la Universidad de Leeds y publicado en la revista Earth’s Future.
El análisis revela que las estrategias de mitigación del cambio climático, además de frenar el calentamiento global, mejoran la calidad del aire y disminuyen las tasas de mortalidad atribuibles a contaminantes atmosféricos, especialmente en las regiones más desfavorecidas de Europa. Según los investigadores, esta doble ganancia —ambiental y sanitaria— debe ser considerada al diseñar políticas públicas.
“Las decisiones políticas sobre cambio climático afectan directamente a la salud humana
”, explicó Connor Clayton, autor principal del estudio y doctorando en la Escuela de Tierra y Medio Ambiente. El equipo analizó los efectos de tres niveles de acción climática —bajo, medio y alto— utilizando modelos detallados de química atmosférica para simular la calidad del aire en 2050 y compararla con los datos de 2014.
Los resultados mostraron que las partículas finas y el ozono superficial, contaminantes altamente dañinos para la salud, disminuirían en todos los escenarios de mitigación. Sin embargo, el mayor beneficio se produjo en el escenario de acción climática alta, que incluye reducciones en emisiones agrícolas, industriales, del transporte y la vivienda.
Este escenario de cero emisiones netas posterior a 2050 redujo las partículas finas hasta en un 90 % en regiones como el suroeste de Alemania y París. Además, las zonas más pobres —históricamente más expuestas— obtuvieron las mayores mejoras en salud, lo que refuerza el valor equitativo de las políticas climáticas ambiciosas.
“Fue alentador ver que quienes más sufren por la contaminación atmosférica son quienes más se benefician de una Europa descarbonizada
”, destacó el Dr. Jim McQuaid, director de la investigación. Las reducciones de contaminantes también disminuyeron el riesgo de enfermedades cardíacas, respiratorias, neurológicas e incluso complicaciones en embarazos.
La Organización Mundial de la Salud advierte que la contaminación atmosférica afecta a casi todos los órganos del cuerpo humano y es responsable de unos 8 millones de muertes al año a nivel global. El nuevo estudio confirma que atacar las emisiones climáticas también reduce este riesgo silencioso.
En 2014, las concentraciones más altas de contaminantes se encontraban en Europa oriental y el norte de Italia. Para 2050, una acción climática ambiciosa no solo reduciría esas cifras, sino que también cerraría la brecha entre regiones privilegiadas y vulnerables, eliminando disparidades persistentes en exposición a contaminantes.
Los investigadores concluyen que, al diseñar estrategias para alcanzar objetivos climáticos, los responsables políticos deben considerar también la salud pública y la equidad social como parte integral de las decisiones ambientales. Reducir las emisiones ya no es solo un objetivo climático, sino también una herramienta sanitaria.
Referencias: Universidad de Leeds – leeds.ac.uk