El ejército israelí reconoció este martes que el ataque contra el hospital Nasser en el sur de Gaza tenía como objetivo lo que identificó como una cámara de observación instalada por Hamás. La ofensiva, sin embargo, dejó al menos veinte muertos, incluidos cinco periodistas que cubrían la guerra.
La investigación preliminar concluyó que las tropas creyeron enfrentarse a un puesto de vigilancia enemigo. Tras el bombardeo, se ordenó un análisis más profundo del proceso de autorización y de la toma de decisiones sobre el terreno.
Entre los fallecidos se encontraba Hussam al-Masri, camarógrafo palestino y contratista de Reuters, cuya transmisión en directo desde el hospital se interrumpió en el momento exacto del primer impacto. También murieron comunicadores que trabajaban para Associated Press, Al Jazeera y medios locales.
El ejército israelí admitió que existen “lagunas” en la cadena de mando y en la elección de la munición empleada. El jefe del Estado Mayor General solicitó revisar a fondo los protocolos antes de autorizar nuevos ataques en zonas civiles.
La oficina del primer ministro Benjamin Netanyahu calificó el hecho como un “trágico accidente” y aseguró que Israel lamenta profundamente la pérdida de vidas, aunque defendió que las operaciones militares apuntan exclusivamente a objetivos de Hamás.
El suceso reaviva las críticas sobre la protección de periodistas en conflictos armados. Según el Sindicato de Periodistas Palestinos, más de 240 comunicadores han muerto en Gaza desde el inicio de la guerra en octubre de 2023.
Testigos relataron que un segundo ataque se produjo cuando rescatistas y periodistas acudían al lugar del primer bombardeo, lo que multiplicó el número de víctimas. Imágenes difundidas en redes sociales mostraron columnas de humo saliendo del hospital.
El incidente ha provocado reacciones internacionales. Organizaciones de derechos humanos exigen esclarecer responsabilidades y reforzar la protección de instalaciones médicas y de prensa en medio del conflicto.