Un crecimiento constante en la demanda eléctrica
Las proyecciones del EOR indican que la demanda total alcanzará los 65.729 GWh en 2025 y los 68.201 GWh en 2026. Este incremento estará respaldado por la incorporación de 47 proyectos que sumarán 2.308,3 MW de nueva capacidad entre enero de 2025 y diciembre de 2026. Del total, 1.250 MW corresponderán a energías renovables, lo que representa el 54,2 % de la nueva potencia y estará distribuida entre hidroeléctricas, eólicas, fotovoltaicas, geotérmicas y biomasa.
El crecimiento no es reciente: solo en el segundo semestre de 2024, la región añadió 684,9 MW a su capacidad instalada, destacando la central térmica Gatún en Panamá con 656,2 MW y cuatro parques solares que sumaron 28,8 MW repartidos entre Guatemala, El Salvador y Nicaragua. Este impulso evidencia la transición hacia un modelo energético más diversificado y menos dependiente de los combustibles fósiles.
Actualmente, el 64,6 % de la generación proviene de fuentes renovables, principalmente hidroelectricidad, biomasa y solar fotovoltaica, mientras que el 35,4 % restante corresponde a centrales térmicas que operan con combustibles fósiles. Esta proporción se inclina cada vez más hacia las renovables, impulsada por políticas de integración regional y financiamiento internacional.
La estrategia de la región busca no solo incrementar la capacidad instalada, sino también optimizar el uso de los recursos disponibles, reduciendo vulnerabilidades y fortaleciendo la seguridad energética.
Proyectos clave en la región
Entre las obras más relevantes figura la central hidroeléctrica El Tornillito en Honduras, con 198,7 MW de capacidad, y el proyecto fotovoltaico Penonomé II en Panamá, que aportará 154 MW. Nicaragua desarrollará un parque solar de 100 MW y Honduras sumará dos plantas de gas natural con 510 MW en conjunto, mientras que Nicaragua añadirá otra de 308 MW. Costa Rica, por su parte, incorporará dos proyectos termoeléctricos que aportarán 205 MW adicionales.
El Salvador también ampliará su matriz con cuatro proyectos geotérmicos que sumarán 42 MW, consolidando su posición como uno de los países centroamericanos con mayor diversificación de fuentes. En conjunto, estas iniciativas equilibrarán la generación renovable con tecnologías de respaldo que aseguren un suministro estable.
Retos en transmisión y distribución
La infraestructura de transmisión sigue siendo uno de los principales desafíos. La línea del Sistema de Interconexión Eléctrica de los Países de América Central (SIEPAC) permite el intercambio de electricidad entre naciones, pero la falta de inversiones locales en redes internas provoca cuellos de botella que limitan el uso pleno de su capacidad. Según expertos, estos puntos críticos afectan la eficiencia del mercado y, en algunos casos, generan déficits puntuales en países como Honduras y Panamá, aunque no representan un riesgo grave para el suministro global.
En 2024, se ejecutaron 25 intervenciones en el sistema de transmisión: dos en El Salvador con la puesta en servicio de una nueva subestación, tres en Costa Rica para repotenciar líneas y veinte en Panamá, en su mayoría asociadas a la entrada en operación de tres subestaciones.
A pesar de estos avances, la capacidad de transporte sigue sin estar plenamente alineada con el ritmo de crecimiento de la generación, lo que refuerza la necesidad de inversiones estratégicas a mediano plazo.
Los países que más exportan energía son Guatemala (42 %), Costa Rica (34 %) y Panamá (23 %), mientras que los principales importadores son El Salvador (39 %), Nicaragua (35 %) y Honduras (20 %), lo que refleja la importancia de optimizar la interconexión regional.
El reto para el futuro será convertir estas transacciones, hoy más oportunistas y de corto plazo, en intercambios sostenidos que refuercen la estabilidad del sistema.
Inversiones para la sostenibilidad
El impulso a la transición energética cuenta con el respaldo de la banca multilateral y de inversionistas privados. El Banco Centroamericano de Integración Económica financiará con US$37,2 millones la ampliación del SIEPAC, mientras que el Banco Mundial aprobó US$150 millones para aumentar la generación geotérmica en El Salvador. Nicaragua, por su parte, gestionó un préstamo de US$69,15 millones para el parque eólico El Barro, y Guatemala recibirá US$250 millones del Banco Interamericano de Desarrollo para ampliar la cobertura eléctrica rural.
Más allá de los proyectos en marcha, la región explora nuevas tecnologías para reforzar su resiliencia, como sistemas de almacenamiento en baterías, hidrógeno verde y aprovechamiento de fuentes emergentes como la energía de las olas o incluso la energía atómica. Sin embargo, persisten retos estructurales y de gobernanza que deberán resolverse para garantizar que la transición energética sea estable y sostenible a largo plazo.
Resolver estas brechas permitirá no solo reducir los apagones y asegurar el suministro, sino también consolidar cadenas productivas resilientes y competitivas que fortalezcan el desarrollo económico de toda Centroamérica.