Un estudio revisado por pares publicado el 28 de agosto de 2025 reveló que el río Tijuana emite sulfuro de hidrógeno en niveles que superan hasta 70 veces los estándares de calidad del aire de California. El hallazgo valida las denuncias de los residentes de la Bahía Sur de San Diego quienes por años reportaron olores intensos, problemas respiratorios y dolores de cabeza asociados al cauce contaminado.
Investigadores de la Universidad de California en San Diego, la Universidad de California en Riverside, la Universidad Estatal de San Diego y el Centro Nacional de Investigación Atmosférica instalaron instrumentos de monitoreo en la comunidad de Nestor a partir de septiembre de 2024. En solo tres semanas detectaron concentraciones máximas de 4500 partes por mil millones de sulfuro de hidrógeno, 4500 veces más altas que en un área urbana común.
Los niveles promedio por hora alcanzaron 2100 partes por mil millones, casi 70 veces más que el estándar permitido por la Junta de Recursos del Aire de California. Estas cifras superan ampliamente los límites relacionados con la salud pública y explican los síntomas reportados por habitantes cercanos, especialmente niños y adultos mayores.
El sulfuro de hidrógeno, también conocido como gas de alcantarillado, provoca irritación ocular, síntomas respiratorios, fatiga y náuseas. Expertos de la Facultad de Salud Pública de la SDSU advirtieron que considerar el fenómeno como un simple problema de olores subestima los riesgos reales para la población expuesta de manera crónica.
Durante el monitoreo los investigadores observaron que las concentraciones más altas se registraban en la noche, cuando el viento disminuía. Entre el 1 y el 10 de septiembre de 2024 los vecinos estuvieron expuestos a niveles de gas tóxico que superaron el límite legal durante al menos cinco horas al día. La situación cambió de forma abrupta el 10 de septiembre cuando una estación de bombeo en México desvió aguas residuales y redujo la contaminación atmosférica de inmediato.
Los resultados demostraron que la fuente de los gases tóxicos era el río contaminado y no otra instalación industrial cercana. Los patrones atmosféricos medidos solo se explicaban considerando al cauce como el origen de las emisiones. Además, los días con picos de contaminación coincidieron con un aumento de quejas ciudadanas por olores y malestares físicos.
Los investigadores subrayaron que la mala calidad del agua puede traducirse directamente en mala calidad del aire, creando un riesgo doble para las comunidades. Advirtieron que este caso debería motivar a los gobiernos de México y Estados Unidos a mejorar la infraestructura de tratamiento de aguas residuales en la frontera y a actualizar las políticas de gestión del río Tijuana.
Como medida inmediata se recomienda ampliar la entrega de purificadores de aire en las viviendas de la Bahía Sur y mantener sistemas de alerta sobre la calidad del aire. A largo plazo la solución pasa por inversiones binacionales en plantas de tratamiento y un plan integral que atienda las causas estructurales de la contaminación.