El 27 de agosto de 2025, un tiroteo masivo en la Annunciation Catholic School de Minneapolis dejó un saldo trágico. Tres personas murieron, entre ellas dos niños, y otras 17 resultaron heridas durante una misa matutina en la iglesia parroquial vinculada al colegio.
El agresor, identificado como Robin M. Westman, de 23 años, disparó entre 50 y 100 veces con un rifle semiautomático, una escopeta y una pistola. Vestido de negro, atacó desde el exterior a través de las vidrieras del templo y posteriormente se suicidó en el estacionamiento de la escuela. Las autoridades confirmaron que actuó solo.
Entre los heridos se encuentran 14 niños, varios de ellos en estado crítico. Según el Centro Médico del Condado de Hennepin, cuatro pacientes —nueve niños y dos adultos— requirieron cirugía inmediata. Los médicos reportaron que al menos un niño de 10 años sufrió una herida grave en la cabeza.
La Annunciation Catholic School es una institución centenaria en el suroeste de Minneapolis, con alrededor de 340 estudiantes matriculados desde preescolar hasta octavo grado. Fundada en 1923, forma parte de la parroquia del mismo nombre y es reconocida por su programa académico y religioso, además de proyectos de servicio comunitario.
Este fue el segundo tiroteo masivo en Minneapolis en menos de 48 horas. Un día antes, otro hombre armado atacó en los alrededores de la Cristo Rey Jesuit High School, matando a una persona e hiriendo a seis más. La seguidilla de episodios refleja un aumento preocupante de la violencia armada en la ciudad.
Las fuerzas de seguridad desplegaron agentes del FBI y de la Oficina de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos para investigar la escena. Aunque inicialmente se temió la presencia de explosivos, se descartó esa posibilidad tras una revisión completa del lugar. Se hallaron artefactos pirotécnicos que simulaban granadas de humo.
El alcalde de Minneapolis, Jacob Frey, anunció la creación de un centro de recursos familiares para atender a las víctimas y condenó el ataque como un acto de maldad que golpeó a la ciudad en su núcleo espiritual. El gobernador de Minnesota, Tim Walz, expresó sus condolencias y calificó la masacre como un “horrible acto de violencia”.
Desde Washington, el presidente Donald Trump señaló en Truth Social que había sido informado sobre el ataque y que rezaba por las víctimas y sus familias. La senadora Amy Klobuchar también expresó su conmoción y pidió apoyo inmediato a la comunidad afectada. El obispo Kevin Kenney, auxiliar de la Arquidiócesis de Saint Paul y Minneapolis y ex alumno de la escuela, acudió al hospital para consolar a las familias.
El caso de Westman sorprendió a las autoridades locales, que confirmaron que no tenía antecedentes penales significativos. Documentos judiciales revelaron que cambió legalmente su nombre en 2020 y que mantenía vínculos con la propia parroquia, donde trabajaba su madre. La policía analiza si existían motivaciones personales vinculadas a esa relación.
Con este ataque, Estados Unidos suma ya 146 tiroteos escolares en lo que va de 2025. La tragedia reabre el debate sobre la violencia armada y la seguridad en los centros educativos, un problema que continúa dejando víctimas mortales y comunidades fracturadas en todo el país.