La ciudad subterránea de Derinkuyu, situada en la región de Capadocia, Turquía, fue durante siglos un refugio para miles de personas. Este complejo urbano, tallado en la roca y con varios niveles interconectados, sirvió como escudo frente a invasiones y condiciones climáticas extremas. Pero, más allá de su arquitectura, hay un aspecto fundamental que hasta ahora había sido poco explorado: ¿cómo sonaba la vida cotidiana bajo tierra?
En la actualidad, el investigador Sezin Nas, especializado en acústica y arquitectura de interiores en la Universidad Gálata de Estambul, se propuso reconstruir el paisaje sonoro de Derinkuyu. Para ello, analizó los planos originales, la disposición de las salas y la función de los sistemas de ventilación, integrando datos históricos y modelos acústicos avanzados. Su trabajo revela la importancia del sonido en la vida comunitaria y en la organización de los espacios subterráneos.
Durante su apogeo, Derinkuyu llegó a albergar hasta 20.000 habitantes, repartidos en siete niveles que incluían iglesias, cocinas, almacenes y zonas de reunión. Las galerías y conductos de ventilación no solo permitían el flujo de aire sino que también facilitaban la comunicación entre distintos sectores de la ciudad. Esta multifuncionalidad fue clave en la supervivencia y adaptación del asentamiento subterráneo.
Nas identificó que los elementos arquitectónicos de Derinkuyu, como los pozos de ventilación, cumplían un doble propósito. Además de su función principal, permitían transmitir sonidos a través de los túneles, ayudando a coordinar actividades y a advertir sobre posibles amenazas externas. Esta integración de funciones demuestra un profundo conocimiento técnico y social de sus constructores.
Para crear la simulación acústica, se seleccionaron tres espacios representativos: una iglesia, una cocina y una sala de estar. En cada uno se recrearon virtualmente las fuentes sonoras típicas de la época, como rezos, conversaciones o el crepitar del fuego. Las simulaciones tridimensionales permitieron experimentar la reverberación y el eco característicos de estos entornos, acercando al oyente a la experiencia sensorial original de sus habitantes.
La reconstrucción de este paisaje sonoro ofrece información valiosa para los estudiosos del patrimonio cultural. Escuchar cómo el sonido modelaba la experiencia diaria ayuda a comprender la organización social y las prácticas de comunicación que sostenían la vida bajo tierra. Además, aporta datos que pueden inspirar el diseño de futuras infraestructuras urbanas subterráneas.
El trabajo de Nas fue presentado en la 188ª Reunión conjunta de la Sociedad Acústica de América y el Congreso Internacional de Acústica, donde subrayó la necesidad de considerar el entorno sonoro como parte esencial de la historia urbana. Sostiene que reconstruir el sonido de los antiguos asentamientos puede abrir nuevas perspectivas para la conservación y el estudio del patrimonio material e inmaterial.
La propuesta invita a académicos y arquitectos a utilizar los paisajes sonoros como herramienta de análisis histórico. Esta aproximación no solo rescata una dimensión olvidada del pasado, sino que también ofrece criterios útiles para el diseño de ciudades subterráneas modernas, haciendo que el entorno acústico vuelva a tener un papel central en la vida comunitaria.