SpaceX confirmó que el próximo 24 de agosto realizará la décima prueba de vuelo de su sistema Starship, el cohete más poderoso jamás construido. Tras fallos registrados en ensayos anteriores, la compañía aplicó ajustes críticos en hardware, software y protocolos de seguridad.
El lanzamiento tendrá lugar desde Starbase, en Texas, con una ventana de despegue a partir de las 18:30 UTC. Será la primera misión después del análisis exhaustivo de la pérdida del vehículo en el vuelo 9 y de la anomalía durante una prueba estática de la nave 36.
La empresa de Elon Musk señaló que la atención estará centrada en el desempeño del propulsor Super Heavy, que intentará realizar maniobras de retorno controlado en el Golfo de México para recopilar datos sobre aterrizaje con encendidos parciales.
En esta ocasión, SpaceX apagará intencionalmente uno de los tres motores centrales para evaluar la capacidad de la nave de completar el descenso con redundancia. El ensayo finalizará con un apagado sobre el océano, sin intento de recuperación física.
La etapa superior de Starship también será protagonista. Cargará ocho simuladores de satélites Starlink en una trayectoria suborbital, lo que permitirá ensayar despliegues antes de futuras misiones comerciales y científicas.
Otro punto clave será el reencendido de un motor Raptor en el espacio, considerado un requisito indispensable para misiones interplanetarias. La maniobra pondrá a prueba la fiabilidad del encendido múltiple en condiciones de microgravedad.
Además, SpaceX evaluará placas térmicas alternativas para reforzar la resistencia del vehículo durante la reentrada. Los vuelos anteriores detectaron puntos críticos de calor en los flaps traseros, y este nuevo diseño busca mitigar riesgos.
El perfil de reentrada será más exigente que en misiones previas. El objetivo es exponer la nave a condiciones extremas para verificar los límites estructurales y confirmar mejoras en materiales y en dinámica de control.
La compañía subraya que cada prueba es un paso incremental hacia un sistema totalmente reutilizable. Musk insiste en que los fallos no son retrocesos sino datos para acelerar el perfeccionamiento del cohete.
En paralelo, la fábrica de producción Starfactory en Boca Chica ya produce nuevas unidades de Starship a un ritmo mensual. Este flujo de construcción permitirá mantener la cadencia de ensayos sin grandes interrupciones.
SpaceX también desarrolla infraestructura en Florida, donde planea lanzar futuras misiones de Starship desde el Centro Espacial Kennedy. La intención es disponer de dos bases operativas para reducir riesgos y tiempos de preparación.
Si el vuelo resulta exitoso, Starship se acercará a su certificación para transportar carga útil real en órbita baja, incluyendo satélites Starlink y experimentos científicos. A medio plazo, la meta es respaldar el programa Artemis de la NASA para llevar astronautas a la Luna.
El camino aún es largo, pero SpaceX sostiene que cada intento refuerza el aprendizaje. Con la décima prueba, la compañía buscará demostrar que Starship avanza hacia su objetivo final: convertirse en el vehículo que abra la puerta a Marte.