Un nuevo estudio arqueológico liderado por la Universidad de Tulane y el Proyecto Templo Mayor del INAH ha revelado una compleja red de comercio en la antigua Mesoamérica, centrada en uno de sus materiales más preciados: la obsidiana. La investigación analizó 788 artefactos extraídos del Templo Mayor de Tenochtitlán, ofreciendo una visión sin precedentes del poder económico, religioso y político del Imperio mexica.
Publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), el trabajo representa el mayor análisis compositivo de obsidiana realizado hasta la fecha en el corazón ritual del mundo azteca. Mediante técnicas no destructivas de fluorescencia de rayos X portátil (pXRF), el equipo identificó la procedencia de los objetos, hallando evidencias de intercambio con al menos ocho regiones distintas, incluyendo territorios fuera del dominio mexica como Ucareo, en tierras purépechas.
La mayoría de las piezas ceremoniales —armas rituales, joyas e incrustaciones— fueron fabricadas con obsidiana verde de la Sierra de Pachuca, un material altamente valorado por su asociación simbólica con la mítica ciudad de Tollan. Sin embargo, una cantidad significativa de artefactos cotidianos incluía obsidiana de Otumba, Tulancingo, El Paraíso y otras fuentes, lo que revela un acceso extendido al material a través del mercado y no exclusivamente mediante control estatal o conquista.
“Aunque los mexicas preferían la obsidiana verde, la diversidad de tipos encontrados —especialmente en objetos no rituales— indica una economía de intercambio activa con múltiples regiones”, afirmó el autor principal Diego Matadamas-Gomora, candidato a doctorado en Tulane. Estas dinámicas demuestran que los mercados de Tenochtitlán eran canales clave de distribución, incluso de materiales llegados desde zonas enemigas o autónomas.
El estudio también rastreó la evolución del uso de la obsidiana desde la fundación de la ciudad en 1375 d.C. hasta su caída ante los españoles en 1520. En las primeras fases, se empleaban diversas fuentes tanto para rituales como para uso común. A partir de 1430, con el auge del poder mexica, se impuso una centralización simbólica: casi toda la obsidiana ritual pasó a ser exclusivamente de Pachuca.
Según Matadamas-Gomora, este cambio indica no solo un control político más firme sobre el culto religioso, sino también una estandarización que fortalecía la identidad imperial mexica. Los datos respaldan la hipótesis de que la gestión de recursos simbólicos formaba parte de la estrategia de consolidación del poder centralizado desde Tenochtitlán.
Para el coautor Jason Nesbitt, profesor de Tulane, “este trabajo demuestra cómo las ciencias arqueológicas pueden revelar estructuras económicas e ideológicas del pasado, a través del estudio minucioso de materiales como la obsidiana, que eran tan funcionales como cargados de significado espiritual”.
La investigación fue financiada por el Programa de Publicaciones de Impacto (SIP) de Tulane y contó con la participación de especialistas del INAH como Leonardo López Luján y Alejandro Pastrana. La conjunción entre tecnología moderna y saber arqueológico ha permitido reconstruir un complejo sistema de flujo de bienes y saberes en la Mesoamérica precolombina.
Referencias: DOI: 10.1073/pnas.2500095122