China, líder mundial en la producción de energía solar, atraviesa un momento crítico marcado por la sobreproducción de polisilicio, el material clave para fabricar células fotovoltaicas. El gobierno busca una salida a la crisis mediante un plan de consolidación industrial, que pretende cerrar plantas ineficientes y formar un cártel que frene la guerra de precios.
El proyecto, impulsado por los grandes productores del sector con respaldo de Pekín, contempla una inversión de 50.000 millones de yuanes para adquirir instalaciones deficitarias. Sin embargo, expertos señalan que lograr un consenso entre las distintas empresas y las autoridades locales será un desafío, ya que muchas regiones dependen de estos complejos para sostener empleo e ingresos fiscales.
El mercado solar chino produce actualmente casi el doble de lo que el mundo puede absorber, lo que ha hundido los precios y reducido la rentabilidad. Aunque la consolidación podría equilibrar la oferta, los analistas advierten que el éxito no está garantizado, pues una vez que los precios repunten, las empresas podrían verse tentadas a aumentar de nuevo su capacidad productiva.
Los gobiernos locales representan otro obstáculo, ya que durante años han incentivado el crecimiento de la industria solar con subsidios, terrenos baratos y beneficios fiscales. Ceder ante los recortes podría generar tensiones entre el poder central y las provincias, además de un golpe a economías regionales que dependen fuertemente de esta industria.
En paralelo, la expansión global de los paneles solares fabricados en China ha provocado fricciones comerciales con Occidente. La sobreproducción y la caída de precios han generado acusaciones de dumping, lo que añade presión internacional a la gestión interna de la crisis. Pekín, consciente de este riesgo, intenta demostrar que puede regular eficazmente un sector que se ha convertido en símbolo de su transición energética.
Consultoras especializadas estiman que la utilización media de la capacidad de polisilicio en China caerá este año a entre un 35% y un 40%, muy por debajo del 57% registrado en 2024. Esta baja eficiencia refleja el nivel de saturación del sector y las dificultades de rentabilidad que enfrentan los productores más pequeños.
De fracasar el plan, los analistas advierten que la industria solar podría verse sumida en un ciclo prolongado de pérdidas, lo que pondría en entredicho no solo la apuesta china por la energía limpia, sino también su capacidad de manejar problemas estructurales de sobreproducción que afectan a otras áreas como los vehículos eléctricos y la construcción naval.
El desenlace marcará un precedente importante. Si el cártel del polisilicio consigue estabilizar el sector, Pekín podría replicar la estrategia en otras industrias críticas. Si fracasa, la crisis de sobreproducción en el solar podría convertirse en un recordatorio de los límites del intervencionismo estatal en un mercado globalizado y ferozmente competitivo.