Las oscuras y enigmáticas rayas de pendiente que surcan las laderas de Marte, alguna vez consideradas indicio de agua líquida, han sido reinterpretadas gracias a un estudio internacional liderado por la Universidad de Brown. Utilizando inteligencia artificial para analizar más de 86.000 imágenes orbitales, el equipo halló que estos patrones no son resultado de flujos húmedos, sino de avalanchas secas provocadas por el viento y los impactos meteóricos.
Las rayas de pendiente, detectadas desde las primeras misiones Viking en los años 70, se extienden por colinas y paredes de cráteres con formas alargadas, y han intrigado a los científicos durante décadas. Aunque se pensó que podían indicar la presencia de agua líquida —un sueño para la astrobiología—, el análisis masivo de datos no encontró correlaciones con factores húmedos como orientación solar o humedad, sino con zonas de alta actividad eólica y deposición de polvo.
Los resultados sugieren que millones de toneladas de polvo pueden moverse anualmente en la atmósfera marciana mediante estos procesos, lo que podría influir de manera relevante en el clima del planeta rojo. Además, las vetas de pendiente y las denominadas líneas de pendiente recurrentes (RSL) aparecen y desaparecen en los mismos lugares durante los periodos cálidos, pero sin requerir la acción de líquidos superficiales.
La investigación, firmada por Adomas Valantinas (Brown) y Valentin Bickel (Berna), descarta la hipótesis de que las rayas marquen nichos habitables activos en Marte, una preocupación para la protección planetaria. El riesgo de que sondas terrícolas contaminen estos lugares es, según los autores, menos relevante de lo que se pensaba.
Los científicos desarrollaron un modelo de aprendizaje automático que reconoció más de 500.000 vetas de pendiente en todo el planeta, generando el primer mapa global de estas características. Al comparar la ubicación de las rayas con variables como temperatura, viento, actividad de rocas y humedad superficial, el patrón seco se volvió evidente.
Las vetas suelen formarse en laderas expuestas a vientos intensos o cerca de cráteres de impacto recientes, donde la vibración y el viento pueden soltar capas de polvo. Las RSL, más efímeras, aparecen donde los remolinos de polvo o pequeños desprendimientos rocosos son frecuentes.
Estos hallazgos ponen en entredicho décadas de debate sobre el posible rol del agua actual en la superficie marciana. Aunque Marte albergó ríos y lagos en el pasado lejano, el planeta parece hoy mucho más seco y hostil a la vida de lo que algunos indicios hacían pensar.
Para la futura exploración de Marte, este avance significa que las misiones podrán priorizar regiones menos ambiguas para buscar rastros de vida pasada sin temor a contaminar posibles oasis actuales. La estrategia de analizar millones de datos desde la órbita permite descartar falsas alarmas antes de enviar robots o humanos a la superficie marciana.
Referencias: 10.1038/s41467-025-59395-wC