Las estrategias agrícolas regenerativas, como plantar cultivos de cobertura o dejar los residuos en el suelo, no siempre resultan en el doble beneficio de mejorar el rendimiento de los cultivos y secuestrar carbono. Un estudio internacional liderado por la Universidad de Cornell concluye que, en la mayoría de los escenarios, estas prácticas requieren elegir entre producción o mitigación climática.
El análisis, publicado en Nature Climate Change, simuló una amplia gama de combinaciones de manejo agrícola a escala global hasta 2100. Los resultados muestran que adoptar cultivos de cobertura, evitar la labranza y conservar los restos vegetales puede aumentar el carbono orgánico en el suelo y reducir gases de efecto invernadero, aunque a menudo sacrificando parte de la cosecha, sobre todo en climas áridos.
El modelo informático predice que los mayores beneficios conjuntos —clima y rendimiento— se logran al plantar cereales, especialmente en suelos ricos en arcilla o donde los nutrientes limitan el crecimiento. Sin embargo, en la mayoría de los casos, el uso intensivo de prácticas regenerativas produce una disyuntiva, priorizar el carbono en el suelo o maximizar la productividad.
El equipo, encabezado por Dominic Woolf, destaca que la siembra de gramíneas y la labranza cero maximiza el secuestro de carbono pero penaliza el rendimiento. En contraste, los cultivos de cobertura de leguminosas aumentan el rendimiento con menos ventajas climáticas. Además, la competencia por el agua en regiones secas reduce los beneficios y, en ciertos casos, se observan emisiones elevadas de óxido nitroso, un gas con un impacto climático muy superior al CO2.
McClelland, primera autora del estudio, señala que combinar cultivos de cobertura y labranza cero puede acelerar el aumento de carbono orgánico, compensando parcialmente efectos negativos como las emisiones de óxido nitroso. Ajustar la cantidad de nitrógeno en el suelo es clave para controlar este gas en sistemas intensivos.
El trabajo subraya que las decisiones de manejo agrícola deben adaptarse a las condiciones locales, pues no existe una solución única válida para todos los climas ni todos los suelos. Las simulaciones muestran que, para alimentar a una población mundial en crecimiento, la mitigación máxima de gases hasta 2100 sería un 85 % menor si se priorizan los rendimientos.
El mensaje para agricultores y responsables de políticas es claro: elegir entre rendimiento y secuestro de carbono depende de la región, el tipo de cultivo y el objetivo a largo plazo. El estudio ofrece por primera vez información contextualizada y útil para diseñar estrategias combinadas y realistas frente al cambio climático y la seguridad alimentaria.
La investigación fue posible gracias al apoyo del Instituto Nacional de Alimentos y Agricultura de EE.UU., la Agencia de Protección Ambiental, Nature Conservancy, el Fondo de Defensa Ambiental, el Fondo para la Tierra Bezos, King Philanthropies y Arcadia.