DeepSeek, una de las startups de inteligencia artificial más avanzadas de China, ha sido acusada por Estados Unidos de colaborar activamente con el ejército chino y eludir las restricciones impuestas a la exportación de tecnología estadounidense. La acusación, realizada por un alto funcionario del Departamento de Estado en entrevista con Reuters, incrementa la tensión en la guerra tecnológica entre Washington y Pekín, reavivando el debate global sobre seguridad, espionaje y acceso a datos sensibles.
Fundada en Hangzhou, DeepSeek saltó a la fama internacional a principios de 2025 tras asegurar que sus modelos de IA podían rivalizar con los desarrollados por gigantes como OpenAI y Meta, pero a costos mucho menores. Este ascenso meteórico llamó la atención de los mercados, la comunidad tecnológica y, ahora, de las autoridades estadounidenses, que temen una transferencia indirecta de tecnología estratégica hacia las fuerzas armadas chinas.
Según la investigación estadounidense, DeepSeek habría proporcionado voluntariamente apoyo técnico y de información al aparato militar y de inteligencia de China. El funcionario citado aseguró que la empresa figura en más de 150 registros de adquisiciones del Ejército Popular de Liberación, aportando servicios y tecnologías a instituciones clave dentro de la base industrial de defensa china. Esta implicación directa plantea dudas sobre el alcance y la finalidad de los avances tecnológicos impulsados por la compañía.
Además de su colaboración militar, DeepSeek ha sido señalada por supuestamente sortear los controles de exportación de chips avanzados de inteligencia artificial. Funcionarios estadounidenses alegan que la firma recurrió a empresas fantasma en el sudeste asiático para obtener acceso a los codiciados semiconductores H100 de Nvidia, cuya exportación a China está vetada por razones de seguridad nacional. DeepSeek tampoco ha respondido públicamente a estas acusaciones ni a las consultas sobre sus fuentes de hardware.
El trasfondo legal agrava la preocupación internacional: la legislación china obliga a las empresas tecnológicas a colaborar con las autoridades y ceder datos a petición del gobierno. La sospecha de que DeepSeek ya comparte información de usuarios con el aparato de vigilancia estatal añade un nuevo nivel de inquietud para los millones de personas que usan sus modelos de IA, así como para empresas extranjeras que podrían ver comprometida la privacidad de sus datos.
El sector tecnológico y las propias autoridades estadounidenses han reaccionado con inquietud. Nvidia, el proveedor de los chips más avanzados del mundo, asegura que cumple estrictamente con los controles de exportación y se distancia de cualquier operación ilegal por parte de empresas chinas. Mientras tanto, legisladores estadounidenses exigen una mayor supervisión y la posibilidad de sanciones adicionales si se confirman las prácticas atribuidas a DeepSeek.
Estas acusaciones se inscriben en el contexto de la creciente rivalidad entre Estados Unidos y China por el liderazgo en inteligencia artificial y semiconductores. La guerra comercial se ha trasladado al terreno de la tecnología, con cada vez más restricciones y controles sobre la transferencia de componentes críticos, lo que afecta no solo a startups como DeepSeek, sino a todo el ecosistema global de IA.
Expertos en ciberseguridad advierten que la colaboración entre empresas tecnológicas y gobiernos autoritarios podría facilitar operaciones de vigilancia masiva y fortalecer la capacidad militar de potencias rivales. Además, subrayan que la brecha en regulaciones internacionales favorece la aparición de rutas clandestinas para la adquisición de tecnología estratégica, poniendo en riesgo la estabilidad y la confianza digital mundial.
Mientras las investigaciones continúan, el futuro de DeepSeek y su relación con los mercados globales de IA es incierto. El caso podría desencadenar nuevas sanciones, reforzar los controles de exportación y acelerar la fragmentación tecnológica entre bloques geopolíticos. Para la comunidad internacional, la alarma está servida: la inteligencia artificial se ha convertido en un campo de batalla decisivo para la seguridad y el poder global.
Fuente: Reuters