Google presentó un informe detallado sobre el consumo energético de su inteligencia artificial Gemini. Según sus cálculos, cada consulta realizada al modelo supone una huella mínima: 0,24 vatios/hora, 0,03 gramos de CO₂ equivalente y 0,26 mililitros de agua.
La empresa comparó estos valores con acciones cotidianas para que el público los dimensione mejor. Hacer una consulta a Gemini representa el mismo gasto de energía que ver televisión durante apenas nueve segundos, una cifra que busca contrarrestar críticas sobre el alto consumo de las IA.
El dato se enmarca en un esfuerzo más amplio de Google por medir de forma precisa el impacto ambiental de sus centros de datos y de sus modelos de IA. La compañía asegura que en el último año consiguió reducir 33 veces el uso de energía y 44 veces la huella de carbono de las peticiones promedio.
En paralelo, los centros de datos lograron disminuir sus emisiones energéticas en un 12 por ciento durante 2024, pese a que la demanda eléctrica global aumentó en un 27 por ciento. Esto se consiguió gracias a mejoras en eficiencia y a un mayor uso de energías renovables.
El comunicado resalta que medir el impacto ambiental de las consultas de IA no es sencillo. Intervienen múltiples factores: desde el entrenamiento de los modelos hasta la refrigeración de los servidores. Google explica que su metodología busca capturar cada etapa con la mayor transparencia posible.
Para los críticos, el anuncio es una forma de responder al debate público sobre la sostenibilidad de la inteligencia artificial. El uso masivo de estas herramientas levanta dudas sobre su compatibilidad con los objetivos globales de reducción de emisiones y consumo responsable de recursos.
Al presentar cifras tan bajas por consulta, la compañía intenta reforzar la idea de que la eficiencia en el uso de la IA ha avanzado de forma drástica. No obstante, investigadores independientes señalan que el impacto real debe medirse en escala, considerando el crecimiento explosivo del uso de Gemini y otros modelos.
El informe se suma a una tendencia mayor en la industria tecnológica. Gigantes como Microsoft y OpenAI han recibido críticas por la falta de datos transparentes sobre los costos ambientales de sus sistemas. Google apuesta por la estrategia opuesta: mostrar números concretos para ganar credibilidad en un terreno cada vez más vigilado.