Los murciélagos siempre han intrigado a la ciencia por su habilidad para albergar virus mortales sin enfermar. De hecho, son portadores naturales de patógenos como el virus de Marburgo, el Ébola o diversos coronavirus, muchos de ellos altamente peligrosos para los humanos. Ahora, un grupo internacional de investigadores ha dado un paso crucial para desentrañar el secreto de su asombrosa resistencia, gracias al desarrollo de organoides a partir de tejidos de murciélago.
El hallazgo fue posible gracias a la colaboración entre el Centro Helmholtz para la Investigación de Infecciones y varias instituciones europeas. El equipo creó mini-órganos en el laboratorio usando células respiratorias e intestinales de murciélagos frugívoros egipcios, conocidos por ser hospedadores del virus de Marburgo. Estos organoides replican las superficies mucosas donde los virus suelen entrar al organismo, permitiendo observar de cerca las primeras respuestas inmunitarias de estos animales.
Comparados con organoides humanos, los modelos de murciélago demostraron una capacidad mucho mayor para activar mecanismos antivirales desde el primer contacto con el virus. “Las células epiteliales de murciélago muestran una defensa antiviral basal significativamente más fuerte, incluso antes de la infección”, afirma Max Kellner, uno de los líderes del estudio. Esto significa que el sistema inmunológico de los murciélagos ya está en alerta permanente, listo para enfrentar a los invasores antes de que puedan multiplicarse.
El estudio pone el foco especialmente en el papel de los interferones de tipo III, proteínas mensajeras clave en la inmunidad innata. Al infectar los organoides de murciélago con el virus de Marburgo, los investigadores observaron una producción masiva de estos interferones, mucho más intensa que en las células humanas. Esta señal desencadena la activación de cientos de genes antivirales, formando una muralla molecular que bloquea la propagación viral.
Curiosamente, los científicos comprobaron que este sistema no solo es fuerte, sino también flexible. Usando la tecnología CRISPR/Cas9, desactivaron selectivamente los genes responsables de los interferones y observaron una disminución drástica en la protección antiviral, lo que confirma el papel central de estas proteínas en la defensa de los murciélagos.
Además, los murciélagos parecen haber desarrollado un mecanismo autoamplificador para los interferones de tipo III. Es como si tuvieran un sistema de alarma que no solo se activa rápidamente, sino que también puede reforzarse a sí mismo cuando detecta una amenaza, asegurando así una protección duradera contra diversos virus zoonóticos.
Los resultados de este trabajo tienen profundas implicancias para la salud humana. Comprender cómo los murciélagos controlan la replicación viral sin enfermar podría inspirar nuevas estrategias terapéuticas. Josef Penninger, coautor del estudio, subraya que “la clave para futuras terapias y vacunas puede residir en adaptar algunos de estos mecanismos a los sistemas inmunitarios humanos, sobre todo frente a virus emergentes”.
El desarrollo de organoides de murciélago no solo abre la puerta a más estudios sobre inmunidad y virus, sino que también democratiza el acceso a estos modelos celulares para laboratorios de todo el mundo. El objetivo de los investigadores es que estos avances puedan compartirse globalmente, facilitando la colaboración en el combate a futuras pandemias.
En definitiva, la naturaleza ha dotado a los murciélagos de una caja de herramientas inmunológica única, forjada por millones de años de evolución junto a los virus. Hoy, la biotecnología nos permite asomarnos a esos secretos y soñar con trasladar parte de esa resiliencia a nuestra propia especie.
Referencias: 10.1038/s41590-025-02155-1