Las casas que hoy se levantan en Texas, Luisiana, Mississippi y Alabama podrían enfrentar en las próximas décadas una amenaza mayor a la que imaginaron sus propietarios. Un nuevo estudio científico señala que, si la tendencia actual del cambio climático continúa, las pérdidas provocadas por huracanes en el sureste de Estados Unidos podrían dispararse hasta un 76% para el año 2060.
Esta estimación se basa en modelos avanzados desarrollados por ingenieros civiles y expertos en riesgos de la Universidad de Illinois, que analizaron los impactos de futuros huracanes sobre viviendas familiares en los estados costeros. Los investigadores usaron inteligencia artificial y simulaciones que tienen en cuenta el peor escenario posible de calentamiento global, según los parámetros del IPCC.
El aumento de la temperatura global actúa como una especie de “motor” para los huracanes. A medida que el océano se calienta, los vientos se intensifican y las lluvias se vuelven más torrenciales, incrementando el potencial destructivo de cada tormenta. Texas, según el estudio, podría registrar vientos un 14% más fuertes en apenas dos décadas.
No se trata solo de perder tejados o ventanas. Las inundaciones asociadas a lluvias extremas provocan daños estructurales y pérdidas millonarias. El huracán Helene, que en 2024 asoló Carolina del Sur, dejó casi 79.000 millones de dólares en daños, una cifra que podría convertirse en la norma más que en la excepción.
El estudio remarca que las pérdidas más altas se concentrarán en Texas, seguido por Luisiana, Mississippi y Alabama, pero ningún estado costero del sureste quedará al margen. Incluso condados alejados del mar, como Charleston en Carolina del Sur, podrían ver aumentar su riesgo debido a la intensidad creciente de los huracanes y a infraestructuras que no han sido adaptadas a nuevos escenarios climáticos.
Los expertos advierten que la variabilidad local será clave. Dentro de cada estado, algunos condados estarán mucho más expuestos que otros, según su ubicación y la calidad de las construcciones. “Las discrepancias que encontramos enfatizan la necesidad de una evaluación regional amplia para destinar recursos y planificar la mitigación”, afirma la ingeniera Eun Jeong Cha, autora principal del estudio.
Hasta ahora, la mayoría de los modelos de seguros y políticas urbanas no consideran el impacto del cambio climático en la frecuencia ni en la intensidad de los huracanes. El informe destaca que muchos modelos de aseguradoras pasan por alto la contribución de la lluvia intensa, que suele ser la principal causa de pérdidas, junto con el viento.
A nivel nacional, los vientos huracanados ya representan más del 40% de las pérdidas asociadas a tormentas para viviendas, según la Oficina de Presupuesto del Congreso de EE.UU. La cifra anual supera los 14.000 millones de dólares y se espera que aumente drásticamente si las proyecciones climáticas se cumplen.
El trabajo de la Sociedad para el Análisis de Riesgos (SRA) subraya que los responsables políticos, urbanistas y aseguradoras necesitan actualizar sus herramientas de evaluación de riesgos. No solo para anticipar daños, sino para preparar a la sociedad frente a un futuro donde los huracanes serán más frecuentes, imprevisibles y costosos.
La prevención y adaptación son ahora palabras clave. Reforzar infraestructuras, revisar los códigos de construcción y fomentar la colaboración entre gobiernos estatales y federales pueden marcar la diferencia entre una catástrofe contenida y una tragedia mayor.
En términos humanos, las consecuencias van más allá de lo material. Cada tormenta significa comunidades desplazadas, familias que pierden su hogar y economías locales golpeadas. El informe recuerda que detrás de cada porcentaje o cifra hay historias reales de resiliencia y desafíos.
Por ello, los expertos insisten en la necesidad de invertir hoy para ahorrar mañana. No solo en nuevas tecnologías de construcción, sino en educación, protocolos de emergencia y redes de apoyo social. El futuro, advierten, estará marcado por la capacidad de adaptación ante riesgos que ya no son hipotéticos, sino probables.
A medida que el cambio climático redefine el mapa de los desastres naturales en EE.UU., los científicos instan a no subestimar los escenarios de alto impacto. El reto ya no es solo comprender el fenómeno, sino prepararse activamente para convivir con él.