Patrones climáticos extremos alteran el equilibrio de los manglares según datos satelitales
El estudio revela que El Niño y La Niña modifican la salud y extensión de los manglares a escala global, según datos satelitales de 2001 a 2020
Autor - Aldo Venuta Rodríguez
5 min lectura
Los manglares son uno de los ecosistemas costeros más extraordinarios del planeta. En sus raíces retorcidas y su follaje denso se refugian cientos de especies, y también millones de personas que dependen de ellos para protección frente a tormentas, pesca y hasta para el secuestro de carbono. Ahora, una investigación internacional liderada por la Universidad de Tulane revela con datos satelitales globales cómo los patrones extremos de El Niño y La Niña están alterando profundamente la salud y el equilibrio de estos bosques acuáticos.
El estudio, publicado en Nature Geoscience, analizó casi dos décadas de imágenes satelitales, desde 2001 hasta 2020, y es el primero que documenta a escala global cómo el fenómeno ENSO (El Niño-Oscilación del Sur) afecta el crecimiento, la degradación e incluso la mortalidad de manglares en todo el mundo. Este trabajo muestra que casi la mitad de los manglares del planeta experimentan cambios notables ligados a estos vaivenes climáticos, revelando la enorme vulnerabilidad de estos ecosistemas frente a la variabilidad ambiental.
Un ecosistema que vive entre dos mundos
Los manglares, a menudo descritos como "bosques anfibios", prosperan en la frontera entre la tierra y el mar, especialmente en aguas costeras salinas o salobres. Son una trinchera natural contra los huracanes y el aumento del nivel del mar, y su capacidad de almacenar carbono es comparable o incluso superior a la de muchos bosques tropicales terrestres. Sin embargo, este delicado equilibrio depende de factores como el nivel del mar, la salinidad y la frecuencia de las lluvias, todos ellos directamente influenciados por El Niño y La Niña.
Hasta ahora, los grandes daños causados por estos patrones climáticos solo se habían documentado en regiones aisladas, como la dramática muerte masiva de manglares en Australia en 2015. Pero el nuevo estudio buscaba ir más allá de los ejemplos locales, preguntándose si se trataba de eventos puntuales o de una tendencia global subestimada.
El vaivén de El Niño y La Niña
El ENSO es un ciclo natural de alteraciones en las temperaturas y vientos del Pacífico tropical que tiene efectos en todo el planeta. Durante El Niño, las aguas superficiales del Pacífico se calientan, provocando cambios en las precipitaciones, sequías, inundaciones y hasta en la actividad de huracanes. La Niña, su fase opuesta, trae aguas más frías y un patrón inverso de alteraciones.
El equipo de la Universidad de Tulane, junto a investigadores de Asia y Oceanía, descubrió un efecto de "sube y baja" sorprendente: durante El Niño, los manglares del Pacífico Occidental sufren degradación generalizada mientras que los del Pacífico Oriental prosperan, y ocurre lo contrario en años de La Niña. ¿La clave? Los cambios en el nivel del mar, que alteran la salinidad y la humedad del suelo, son determinantes para la supervivencia de estos árboles. Cuando el nivel del mar baja en el oeste, la salinidad sube y los manglares mueren. Si el nivel sube, el manglar crece y recupera terreno.
"Nuestros hallazgos confirman que el ENSO tiene efectos recurrentes a gran escala en los ecosistemas de manglares", explica Zhen Zhang, autor principal del estudio. La investigación utilizó el Índice de Área Foliar, medido por satélite, que permite estimar la productividad de los manglares a partir de la densidad de sus hojas. Así, pudieron trazar el pulso vital de estos bosques frente a los cambios globales.
Más que árboles: un escudo natural y fuente de vida
La importancia de los manglares no solo reside en su belleza o rareza. Estos ecosistemas son vitales para cientos de millones de personas, ya que protegen las costas de la erosión, almacenan grandes cantidades de carbono y sostienen la pesca local. El profesor Daniel Friess, coautor del estudio, subraya que la existencia de los manglares depende de un conjunto limitado de condiciones ambientales, lo que los hace especialmente sensibles a las variaciones climáticas.
El estudio advierte que la intensificación del ENSO por el cambio climático podría poner en jaque la supervivencia de manglares en regiones críticas, como el sudeste asiático, Centroamérica y el Caribe. El impacto puede sentirse no solo en el medio ambiente, sino también en la seguridad alimentaria y la protección costera de poblaciones vulnerables.
A la luz de estos resultados, los científicos insisten en la necesidad de una vigilancia global constante y en el desarrollo de políticas de conservación que tengan en cuenta la sensibilidad climática de los manglares. Como señala Friess, entender cómo los manglares responden a los cambios ambientales es fundamental para conservarlos y apoyar a las comunidades que dependen de ellos.
Hacia una conservación adaptativa
Proteger los manglares exige anticiparse a los cambios y gestionar activamente estos hábitats. Los expertos proponen restaurar zonas degradadas, limitar la expansión urbana y fortalecer la cooperación internacional. Con datos satelitales y análisis avanzados, es posible diseñar estrategias más inteligentes y adaptativas.
El mensaje final de este estudio es claro: la salud de los manglares es un reflejo del pulso climático del planeta. Su futuro depende de nuestra capacidad de comprender y mitigar los efectos del cambio climático global, asegurando que estos bosques continúen ofreciendo sus beneficios a la humanidad.
Referencias: 10.1038/s41561-025-01701-8
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