Bolivia vivirá en octubre un escenario sin precedentes: el senador Rodrigo Paz Pereira y el expresidente Jorge "Tuto" Quiroga competirán en una segunda vuelta presidencial, dejando fuera al Movimiento al Socialismo (MAS) tras dos décadas en el poder. Con más del 95% del escrutinio, Paz obtuvo el 32,1% de los votos, mientras que Quiroga alcanzó el 26,8%.
El resultado supone un terremoto político. Desde 2006, Bolivia había estado bajo la influencia del MAS, primero con Evo Morales y luego con Luis Arce. La derrota en primera vuelta marca el final de una etapa en la que la izquierda se convirtió en sinónimo de gobierno en el país andino.
El propio Quiroga celebró lo que definió como "el fin de una larga noche de 20 años". Paz Pereira, en cambio, prefirió un tono más sobrio y llamó a la calma de sus seguidores, asegurando que la prioridad es preservar la paz social en una Bolivia polarizada.
El MAS, que llevó como candidato a Eduardo del Castillo, apenas logró un 3,1% de los votos, poniendo incluso en riesgo su personalidad jurídica. Una caída que parecía impensable hace solo cinco años, cuando el partido todavía mantenía una sólida base electoral.
Para muchos, la gran sorpresa ha sido Rodrigo Paz Pereira, hijo del expresidente Jaime Paz Zamora. Su perfil de centro y su discurso conciliador lograron captar votantes desencantados tanto con el MAS como con la derecha tradicional. Su rápido ascenso lo convierte en el rival a batir.
Quiroga, por su parte, es un político experimentado. Ya ocupó la presidencia de Bolivia entre 2001 y 2002 tras la renuncia de Hugo Banzer. Su regreso a la primera línea política plantea un choque generacional frente a Paz, que busca representar una nueva etapa.
El balotaje será la primera vez en la historia democrática de Bolivia que se aplica la segunda vuelta presidencial. La Constitución de 2009 lo prevé en caso de que ningún candidato supere el 50% de los votos o alcance el 40% con una ventaja mínima de 10 puntos.
La participación electoral superó el 80%, según el Tribunal Supremo Electoral. Los observadores internacionales destacaron la normalidad del proceso, aunque se reportaron incidentes aislados en Cochabamba y Santa Cruz.
El presidente Luis Arce felicitó a los bolivianos por la jornada y aseguró que su gobierno garantizó "unas elecciones transparentes". No obstante, en el MAS se multiplican las críticas internas por la derrota, con acusaciones cruzadas entre facciones que responsabilizan a Evo Morales de la división.
Analistas locales coinciden en que el derrumbe del MAS abre una nueva etapa política. La segunda vuelta no solo decidirá al próximo presidente, sino también el rumbo ideológico de un país que estuvo bajo la órbita de la izquierda durante una generación.
La comunidad internacional observa con atención. Para Estados Unidos y la Unión Europea, la salida del MAS supone una oportunidad de recomponer lazos con La Paz. Para países como Venezuela o Cuba, en cambio, el resultado es un golpe a la continuidad de sus aliados regionales.
El próximo 8 de noviembre, cuando el ganador de la segunda vuelta asuma la presidencia, Bolivia cerrará un ciclo político y abrirá otro. Paz y Quiroga representan visiones distintas, pero ambos coinciden en algo: la era del MAS ya es historia.