Un nuevo número especial de la revista *Proceedings of the Royal Society B* propone una relectura radical del concepto de domesticación, cuestionando décadas de enfoques unilaterales y abriendo la puerta a nuevas perspectivas integradas desde la arqueología, la biología evolutiva y las ciencias vegetales. Editado por el Dr. Robert Spengler del Instituto Max Planck de Geoantropología, el volumen recoge investigaciones pioneras presentadas durante la conferencia “Domesticando la Tierra”, celebrada en Baviera en 2024.
Lejos de centrarse en cultivos y especies animales clásicas como el trigo, la cebada o la oveja, el número amplía el foco hacia regiones y especies menos estudiadas, demostrando que los procesos de domesticación fueron más diversos y dependientes del contexto de lo que se pensaba. El objetivo común de los artículos es desafiar la noción de que la domesticación fue siempre intencionada, lineal o exclusiva de determinadas civilizaciones.
Uno de los artículos destacados, liderado por la Dra. Rita Dal Martello de la Universidad Ca’Foscari de Venecia, presenta la mayor base de datos de mediciones de granos de cereales jamás compilada, desde el noveno milenio a. C. hasta la actualidad. Al comparar cereales como el mijo, el trigo y la cebada en distintas regiones de Eurasia, los autores revelan que procesos evolutivos paralelos, como el aumento del tamaño del grano, ocurrieron de forma independiente, lo que desafía los modelos tradicionales de difusión cultural.
Otro texto clave, escrito por Spengler y colaboradores, se adentra en el debate semántico que ha obstaculizado la comprensión científica: ¿qué significa realmente “domesticar”? Su análisis propone una definición renovada que incorpora procesos no intencionados y graduales, subrayando la importancia de las interacciones ecológicas y sociales a lo largo de milenios. “La domesticación no es un evento puntual, sino una relación coevolutiva prolongada”, explican los autores.
Estas reinterpretaciones son vitales en un momento en que la humanidad continúa moldeando el mundo biológico mediante la agricultura industrial, la urbanización o la biotecnología. Comprender cómo se desarrollaron estas relaciones en el pasado podría guiar soluciones más sostenibles para el futuro.
“La domesticación está en el centro de la civilización moderna”, afirma Spengler. “Redefinir cómo ocurrió no solo transforma nuestra comprensión del pasado, sino también de qué significa ser humano en el presente”.
Referencias: Proceedings of the Royal Society B - DOI: 10.1098/rstb.2024.0188