Un equipo internacional de astrónomos ha sido testigo directo de una batalla cósmica a 11.000 millones de años luz de la Tierra, en la que un cuásar destruye el potencial de formación estelar en una galaxia vecina durante una colisión galáctica. La investigación, publicada en Nature, revela cómo la radiación intensa de un agujero negro supermasivo atraviesa el halo de gas de la galaxia rival, alterando su estructura interna y dificultando el nacimiento de nuevas estrellas.
La colisión galáctica fue observada gracias a las capacidades combinadas del Atacama Large Millimeter/submillimeter Array (ALMA) y el Very Large Telescope (VLT) del Observatorio Europeo Austral (ESO). Los datos muestran que el cuásar, localizado en el centro de una de las galaxias, actúa como una verdadera “lanza” de radiación, penetrando el gas y transformando radicalmente el ambiente interestelar de su oponente.
Este evento, apodado por los investigadores como una “justa cósmica”, es la primera evidencia directa de cómo la energía liberada por un cuásar puede alterar y prácticamente destruir el entorno donde surgen nuevas estrellas. El impacto observado es tan profundo que, según el equipo, la galaxia dañada ha visto reducido drásticamente su potencial de formación estelar, lo que puede condicionar su evolución futura durante miles de millones de años.
Las imágenes obtenidas con ALMA revelan dos galaxias en pleno proceso de fusión, separadas solo por decenas de miles de años luz pero unidas en una danza gravitatoria violenta. El cuásar emite una radiación tan poderosa que deja atrás solo las nubes de gas más densas y pequeñas, demasiado fragmentadas como para seguir formando estrellas a gran escala.
El análisis espectroscópico del VLT permitió a los científicos estudiar la luz del cuásar atravesando el gas de la galaxia compañera. Este enfoque innovador permitió medir el grado de ionización y alteración del material interestelar, confirmando el efecto devastador de la radiación sobre la capacidad de crear nuevos astros.
Los cuásares son núcleos extremadamente brillantes de galaxias distantes, alimentados por agujeros negros supermasivos que consumen materia a ritmos colosales. Su radiación puede eclipsar a todas las estrellas de la galaxia que los alberga, y como muestra este hallazgo, también puede influir directamente en el destino de galaxias cercanas.
El fenómeno observado ocurrió en el Universo temprano, cuando la formación estelar y las fusiones de galaxias eran mucho más frecuentes que hoy. La luz de esta “justa cósmica” ha viajado más de 11.000 millones de años hasta la Tierra, permitiendo a los astrónomos ver el pasado y entender mejor la evolución de las galaxias y los procesos que regulan el nacimiento de las estrellas.
Según los investigadores, futuros telescopios como el Extremely Large Telescope (ELT) de ESO permitirán profundizar en el estudio de estos eventos extremos, ayudando a responder preguntas clave sobre cómo los cuásares moldean la vida y la muerte de las galaxias en el Universo.
Referencias: ESO