El aire más antiguo del planeta: descubren en la Antártida un fósil de burbuja de 5 millones de años
Una burbuja de aire atrapada en el hielo antártico durante cinco millones de años revela claves sobre el clima pasado y el futuro de los océanos
Autor - Aldo Venuta Rodríguez
3 min lectura
En la vasta soledad de la Antártida, un hallazgo sin precedentes ha salido a la luz: una burbuja de aire sellada en el hielo durante cinco millones de años preserva intacto un fragmento de la atmósfera primitiva de la Tierra. Esta “cápsula temporal” es para los científicos lo que un mosquito en ámbar es para la paleontología: un fósil atmosférico capaz de reescribir lo que sabemos del clima global.
El descubrimiento proviene de un núcleo de hielo extraído en la cumbre del Monte Hunter, Alaska, con más de 200 metros de longitud. La burbuja, recogida en el estrato más profundo, guarda una mezcla de aire, sal marina, polvo y cenizas volcánicas, testigos de un mundo radicalmente diferente al actual.
Este hallazgo es clave para entender los procesos de colapso de las capas de hielo antárticas. Si en el pasado, cuando el planeta alcanzó temperaturas comparables a las que se proyectan para los próximos siglos, la Antártida Occidental se derritió por completo, el nivel del mar podría subir lo suficiente como para redibujar los litorales globales.
La obtención y el análisis de estos núcleos de hielo fósil es un desafío técnico y logístico de primer nivel: se perfora a gran profundidad, se transporta el hielo en condiciones controladas y, en laboratorio, cada burbuja se libera y estudia en cámaras de vacío para evitar la contaminación. Espectrómetros de masas y análisis isotópicos permiten reconstruir con precisión la temperatura y la composición atmosférica de cada época.
Los isótopos de oxígeno, presentes en cada capa de hielo, permiten determinar con exactitud cuán frío era el planeta cuando esa burbuja se formó. Estas muestras han revelado que, durante millones de años, las concentraciones de dióxido de carbono y la temperatura han estado estrechamente ligadas, dictando ciclos de glaciación y deshielo que dieron forma al mundo que habitamos.
En paralelo, una nueva perforación en las Montañas Transantárticas busca obtener núcleos aún más antiguos, de zonas que pudieron estar cerca del océano hace 125.000 años. La composición química de estos hielos puede confirmar si la capa de hielo occidental se desintegró entonces, y anticipar cómo responderá el continente ante el calentamiento actual.
La extracción de estos “fósiles de aire” implica expediciones de alto riesgo, logística extrema y un transporte vigilado como si fueran tesoros irrepetibles. Según el investigador Erich Osterberg, el valor de cada metro de hielo es incalculable: “no hay póliza de seguro que lo cubra”.
Cada burbuja de aire es una voz del pasado que resuena en el presente. Gracias a estos hallazgos, la paleoclimatología entra en una nueva era, permitiéndonos anticipar cambios drásticos en el clima y el nivel del mar, y prepararnos para un futuro en el que el hielo, una vez más, registre nuestra propia huella en la Tierra.
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