Un nuevo estudio liderado por la Universidad de Texas en Austin ha revelado que los microplásticos presentes en las bahías de Texas, como la de Matagorda, no se están acumulando en los sedimentos, sino que son arrastrados hacia el Golfo de México. Publicado en *Environmental Science & Technology*, este hallazgo ofrece una visión más preocupante del destino de estos contaminantes y sugiere que podrían tener un alcance mucho más amplio de lo esperado.
“Lo sorprendente no fue cuántos microplásticos encontramos, sino cuán pocos”, explicó Cornel Olariu, profesor de la Escuela Jackson de Geociencias y coautor del estudio. A diferencia de otros ecosistemas marinos del mundo donde los microplásticos se acumulan en el fondo, las muestras de sedimentos tomadas en 122 puntos mostraron una densidad mucho menor de partículas.
Esto indica que, en lugar de quedar atrapados en la bahía, los microplásticos se dispersan rápidamente hacia el océano abierto, lo que los convierte en una amenaza móvil para la vida marina, aves migratorias y eventualmente los humanos. La combinación de baja densidad del plástico y condiciones ventosas y poco profundas en estas bahías favorece que los contaminantes sean removidos y expulsados al mar.
El autor principal del estudio, William Bailey, está utilizando estos datos para desarrollar un modelo de transporte de microplásticos, con el objetivo de predecir hacia dónde podrían dirigirse en los sistemas costeros. Este trabajo es parte del emergente campo de la sedimentología ambiental, que trata los microplásticos como si fueran granos de sedimento, examinando su origen, movilidad y destino.
Las muestras recolectadas incluían fragmentos y fibras que no mostraban correlación clara con el tamaño del grano, contenido orgánico ni profundidad del agua. Esto sugiere que los microplásticos responden a dinámicas diferentes de los sedimentos naturales, complicando su seguimiento.
La Bahía de Matagorda alberga además una fábrica de plásticos que produce los llamados nurdles, pequeñas bolitas que sirven como materia prima para productos plásticos y que se encontraron con mayor frecuencia en áreas cercanas a tierra. Sin embargo, su distribución no sigue patrones fáciles de predecir, lo que refuerza la necesidad de más investigación y monitoreo sistemático.
El estudio destaca la falta de métodos estandarizados para medir microplásticos en ambientes naturales, lo cual obstaculiza los esfuerzos para establecer políticas ambientales eficaces. Para Jace Tunnell, fundador de Nurdle Patrol, esta investigación es fundamental: “Si nadie mide estos datos, nunca podremos afirmar que hay un problema. Pero si lo documentamos, podemos empezar a buscar soluciones”.
El equipo subraya que aunque el bajo nivel de microplásticos en el fondo de la bahía podría parecer una buena noticia, en realidad es un indicador de un problema más amplio: la contaminación plástica es dinámica y está en movimiento, escapando de los sistemas locales para convertirse en un desafío global de difícil contención.
Referencias: Environmental Science & Technology - DOI: 10.1021/acs.est.4c12622